Otra Historia sobre un 14 de Febrero

Un día estaba ordenando mi pieza en la casa de mis viejos en Curicó, mi madre estaba la los pies de mi cama, bien arreglada, con un seño fruncido y lista para salir en familia. Lo del seño fruncido en el momento no lo entendí, pero al mirar hacia mi puerta logre divisar la raíz de tal sentimiento, en la puerta había una bella damisela, ella estaba un arreglo a la puerta, una especie de mosaico con cerámica, bien lindo. Yo sabía que a ella le gustaba deftones así que ponía temas que le gustaban en mi notebook y me acercaba por detrás para abrazarla, a lo que mi madre aumentaba su furia, realemete no me importaba, luego de eso la miesteriosa mujer se dirije al baño, en eso ella preden un cigarro y veo m que mi familia se estaba juntando para salir, los acomáñe asia la puerta junto a esta bella mujer. Al Sali de mi casa vemos que pasa una mujer en un auto verde, y choca con un poste, se da un par de vueltas el auto, nos acerkams a socorrer a la mujer. Por suerte no le había pasado nada, y en su desesperación por el choque, nos dice que quiere contarns una historia de amor, su historia de amor.
Todo comenzó un dia que Ingrid Sali a karretiar con un grupo de amigas, un carrete bien piola con amigos, todos conocidos, menos él. Octavio era su nombre, alto de 1.76, delgado, pelo rizados castaño, una barba de un par de días. Ingrid al verlo no logro hacer nada más que observarlo mientras que sentía como tiritaban sus piernas. Esa noche no compartió ninguna palabra con aquel desconocido, ya que no faltaba más porque sus miradas lo decían todo. Ingrid comento lo sucedido en casa, y su padre le dijo que fuera tras su enamorado, Ingrid por medio de sus amigas logro ubicarlo y se juntaron varias veces, al pasar de unos meses ya eran una pareja muy feliz. Un día Ingrid le comenta a Octavio la tradición que tenían en su familia para el dia de san Valentin, un tanto extraña, pero una tradición. Esta contaba con que la pareja de enamorados se tenia que regalar entre sí un ramillete de flores, y juntos debían ir al templo de san judas y dejar las flores, ya que este en el momento de la reencarnación es el encargado de direccionar las almas, pero para realizar esta tradición había que estar muy seguro de lo que sentía la pareja, por tal como san judas podía juntar a los enamorados, fácilmente, si el descubria que sus sentimientos no eran puros los podía separar y nunca más volver a juntarlos haciéndolos vivir una vida de desolación y amarguras. Octavio al escuchar la historia, se paro de su asiento, miro al cielo y luego voltio en dirección a su amada con una sorrisa dibujada en su cara, no faltaba más, dijo, le tomo sus manos y la abarazo, entoces será asi, para siempre juntos y en la próxima vida también.